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lunes, 9 de noviembre de 2015

Fanfic "Crepúsculo de dos mundos" - Capítulo 21

NOTA: Los personajes usados para este FANFIC son propiedad de Stephenie Meyer... Y solo de ella... Así como también su historia original.




Capítulo 21
Regresando a Forks
A ojos de Edward

Llegábamos al aeropuerto, saliendo rápidamente del auto. Alice le pidió a Jasper que se encargara de finiquitar el contrato de los autos que habían rentado, a lo que el chico asintió, arrancando violentamente el vehículo.
—Necesitamos comprar ropa —le notifiqué a Alice mostrándole las fachas en las que nos encontrábamos, sintiéndose por demás encantada a prestarse para ir a comprarla, mientras observaba los boletos, tornando el rostro serio.
—Mmm… ¿Eddy?... los boletos que Jasper compró son para Forks, no para Alaska —informó ella, observando a Jacob y luego a mí, respondiéndole después de ver como Jacob me contempló de manera retadora.
—Pues hay que llamar a Carlisle y a Esme para que ellos también regresen a Forks junto a Rosalie y a Emmett.

Alice comenzó a dar saltos como niña en dulcería, arrojándoseme encima, comiéndome a besos, mientras Jacob rió al verla de esa manera.
—Vamos, loca… muévete a comprarnos algo decente que con esta túnica me siento el papa —acotó el chico en su tono único de completo sarcasmo, el cual a mí me encantaba, sin aguantarme las ganas de reír.
—Esto es de lo que hablo… —dijo Alice, tomando mi rostro entre sus manos— Mi hermano solo sonríe cuando estás tú a su lado. —Observé a Jacob, el cual se ruborizó ante tanta vergüenza, mientas yo tomaba las manos de mi hermana, halándola para que dejara de hablar tantas pistoladas.
—Ve a comprar la ropa, ¿quieres? —Ella salió corriendo y más atrás Jasper, el cual me soltó mentalmente que todo estaba listo para irnos, encaminándose hacia donde Alice se dirigió, asintiéndole mientras me acercaba a Jacob, tomándole del brazo para que me siguiera.
—¿A dónde vamos? —preguntó apremiante, a lo que respondí, entrando a una farmacia.
—A curarte esa herida. —Tomé de los estantes: gasa, adhesivo, solución yodada y un cicatrizante en crema, mientras Jacob respondió, caminando detrás de mí.
—Sabes que puedo curarme solo. —Volteé a verle, apartando un poco la túnica, mostrándole como tenía la quemada.
Él contempló por demás extrañado, al ver que aquello no se le cicatrizaba por sí sola.
—¡No comprendo! —exclamó completamente asombrado, al ver cómo aun le sangraba, supurándole líquido de la epidermis, como si se le estuviese infectando.
—Ven, vamos a pagar. —Nos encaminamos a la caja donde había demasiada gente, comenzando a impacientarme, contemplando a la otra cajera, la cual se encontraba a punto de entregar guardia, volteando a vernos, sonriéndole dulcemente, dándole una mirada penetrante y por demás seductora, a lo que ella me sonrió pícaramente, haciéndome un ademán con la mano para que me acercara.
—Muchas gracias, hermosa. —Ella sonrió ruborizándose un poco, tomando una caja de bombones, pidiéndole que lo anexara a la cuenta.
Pagué con una de las tarjetas, y al finalizar la compra, le entregué la caja de chocolates, agradeciéndole el favor. La chica me guiñó un ojo, saliendo rápidamente de la farmacia, tomando a Jacob de nuevo por el brazo para que me acompañara a uno de los baños del aeropuerto, mientras el chico argumentaba al ver mi comportamiento.
—Eres un puto… regalado, ¿donde está él virginal vampiro cien añero que se había ido de Forks? —Negué con la cabeza, intentando no reír, respondiéndole, mientras le halaba nuevamente del brazo.
—Las circunstancias lo ameritan… estaba apurado. —Ahora era él quien negaba con la cabeza con gesto irónico, haciéndole entrar rápidamente a uno de los baños menos transitados del aeropuerto, cerrando la puerta, intentando percibir algún pensamiento, percatándome que no había nadie en él.
—Siéntate allí, Jacob, por favor. —Le señalé la barra que sostenían los lavabos, observando cómo tomó asiento en medio de dos de ellos, acercándome a él, mientras sacaba todo de la bolsa, apartándole poco a poco la túnica para no lastimarle más de lo que ya estaba.
Él no paró de lanzarme miradas furtivas, escuchando como su corazón se aceleraba cada tanto, deseando dar lo que fuera por poder leer sus pensamientos, pero mé limite simplemente a curar su herida.
—Gracias —soltó él de repente, haciéndome levantar la miraba, preguntándole después de humedecer un trozo de gasa con agua para limpiar la herida.
—¿Gracias por qué?... ¿Por ponerte en peligro?... ¿Por sacarte de la paz de tu casa y venir a este infierno a casi convertirte en la mascota particular de Aro Vulturi? —pregunté de mala gana, comenzando a limpiarle la herida, aunque aquel tono molesto que había usado no era para él sino para mí, odiándome yo mismo.
—Pues gracias por no dejar que eso sucediera. —Levanté nuevamente la mirada, encontrándome con la de él, quien me observó con ojos vidriosos, negando con la cabeza, odiándome a mí mismo por todo lo que había ocurrido.
—¿Puedo preguntar? —interrogó Jacob entre quejas de dolor, observándose de vez en cuando la quemada, asintiendo a su pregunta, colocando la túnica un poco más debajo de sus hombros— ¿Qué hubieses hecho si Aro lograba marcarme?
La sola idea de imaginarme aquella posibilidad me dio ganas de arrancarme la cabeza yo mismo, tomando otro trozo gasa, humedeciéndole con solución yodada, comenzando a pasarla muy delicadamente por la herida.
—Aahhuch… la madre que me parió… Joder —gritó fuera de control ante el ardor del yodo en la herida, sonriendo ante aquel montón de palabrotas, respondiendo a su pregunta.
—La única opción que tenía… —Comencé a echar más de la solución, mientras proseguí con mi respuesta ante su insistente mirada—... hubiese dejado de ser un Cullen para unirme a los Vulturi… No te iba a dejar solo allí en manos de esas bestias.
Comencé a soplarle la herida para calmarle el ardor, contemplando como su manzana de Adán subió y bajó con cierta dificultar y el corazón se le aceleraba cada vez más.
—Aaamm… —Volvió a tragar grueso. —Y… tú… ¿hubieses hecho eso por mí? —Comencé a subir el rostro muy lentamente, hasta quedar a escasos centímetros del suyo respondiéndole muy dulcemente.
—No tienes ni la más remota idea de lo que soy capaz de hacer por ti, Jacob. —Su corazón golpeó con fuerza dentro de su pecho, volviendo a padecer de un ritmo cardíaco bastante acelerado.
La túnica terminó cayendo de sus hombros, dejando su torso completamente al descubierto, sin poder dejar de mirarle, mientras Jacob no paró de temblar, mordiendo sus labios inferior por demás nervioso, enfocando la mirada en ellos, percatándome como él miró los míos, volviendo a tragar grueso.
No supe si atreverme o no… no sabía si era el momento justo o no de hacer aquello, que al parecer, ambos deseábamos o al menos eso creía yo.
Observé cada uno de sus gestos al acercarme, poco a poco, percatándome que el chico no se movió de su rígida postura.
“Pues es ahora o nunca, Edward”.
Me dije a mí mismo dándome ánimos, y a escasos centímetro de lograr aquel primer y único beso, Jasper irrumpió en el baño, haciéndome saltar hacia atrás, casi de manera violenta, mientras Jacob se bajó de la barra, cubriéndose de manera nerviosa el torso, dándonos la espalda para vernos por el espejo completamente avergonzado.
Jasper me miró a mí y luego a Jacob, alzando una bolsa de compras, sonriendo de manera entretenida.
—Aquí les manda Alice. —Asentí, tomando la bolsa, agradeciéndole mientras él se dirigió hacia la puerta, soltándome de lo más tranquilo.
—Lamento haber interrumpido de ese modo. —Soltándome mentalmente, por demás sarcástico.
“Ya tendrás tiempo de hincarle el diente… hermanito”.
Mi garganta emitió un sonido gutural, a modo de reproche, mientras Jasper reía, saliendo del baño, comenzando a sacar la ropa de la bolsa, entregándole a Jacob la de él, sacándome su camiseta, la cual se encontraba toda sucia, arrojándola al bote de la basura, colocándome una camisa azul eléctrico con un saco negro, dejándome los jeans negros que traía y los zapatos casuales.
Giré para ver a Jacob, el cual ya tenía el pantalón y los zapatos puestos, volteando a verme.
—Este no es mi estilo. —Sonreí tomando otra gasa limpia, impregnándola con crema cicatrizante, colocándosela en la herida, sosteniéndola con cinta adhesiva.
—Listo —notifiqué, tomando la camisa a cuadros azul con negro que Alice había escogido para él, ayudándole a colocársela para que no se lastimara la cura, siendo él quien se la abotonaba, deshaciéndome de la túnica junto a todo lo demás que ya no necesitábamos.
Lo tomé de nuevo por el brazo, saliendo del baño, escuchando mentalmente como Alice le reprochó a Jasper aquella interrupción suya.
No supe si dar gracias por la familia tan abierta de mente que tenía o temer por las futuras bromas entre Jasper y Emmett sobre nuestra posible relación.
—Estamos listos. —Fue lo único que alegué, pasándoles por un costado con Jacob aferrándole fuertemente, intentando caminar lo más rápido que pude hacia la zona de abordaje.
“Lo siento, Edward… yo le dije que tocara primero”.
Me había extrañado que no hubiese escuchado sus pensamientos, imaginando que había sido ante la concentración que tuve en aquel momento, ante lo que casi sucedió en el baño, pero en verdad no me había percatado de la presencia de mi hermano.
Pasamos por la zona donde nos revisaban toda la documentación, colocándonos los respectivos sellos de aprobación, deseándonos un buen viaje en italiano, despidiéndonos del personal del aeropuerto, caminando lo más rápido que podíamos, intentando no levantar sospechas.
Subimos al avión, percatándonos que no había muchas personas, aquello me agradó. Jasper y Alice tomaron asiento del lado derecho del avión, mientras nosotros nos sentábamos del lado izquierda.
Jacob se acomodó del lado de la ventanilla, mientras yo me sentaba junto a él muy cerca de Jasper.
El sobrecargo nos dio la bienvenida, preguntándonos si deseábamos algo.
—Sí, muchas gracias… me gustaría que nos trajera una almohada y un cobertor por favor. —La chica asintió, preguntándonos si deseábamos algo más, observando a Jacob para ver si deseaba ordenar algo de comer, pero el chico respondió negando con la cabeza, pidiéndole el mismo a la sobrecargo.
—¿Puede traerle un whisky a mi hermano?... Es que está algo nervioso, le da miedo volar. —Volteé a verle, justo cuando me dio un codazo, asintiéndole a la sobrecargo, la cual se alejó de nosotros, mirando a Jacob esperando una explicación de su parte.
Él se asomó por sobre el respaldo del asiento, para ver si ya la mujer se había retirado lo suficiente de nosotros acotando rápidamente en un susurros.
—Si le decía que era para mí de seguro me iba a pedir identificación y no me iba a dar nada. —Fruncí el ceño respondiéndole de mala gana.
—Pues no deberías. —Él rodó los ojos poniendo mala cara.
—Oh, vamos Edward, no seas pesado… después de todo lo que vi y sufrí, por lo menos necesitaría una botella entera… es solo un trago nada más. —Suspiré, observando hacia donde se encontraban mis hermanos, quienes nos daban miradas furtivas a cada tanto, aunque habían butacas entre ellos y nosotros, las cuales se encontraban vacías, dejando ver al otro lado.
Volteé de nuevo al frente, asintiéndole al muchacho.
—Está bien, pero solo uno. —Jacob sonrió y asintió igual que yo, prometiendo que solo sería un vaso.
Comenzó a titilar la luz que indicaba que debíamos abrochar nuestros cinturones, buscando rápidamente el suyo.
—¡Oye, oye!... puedo hacerlo solo, gracias. —Suspiré algo molesto, abrochándome el mío, escuchando mentalmente a mis hermanos, haciendo planes al volver a Forks.
—¿Te molestaste? —Negué con la cabeza, sonriéndole para que no se sintiera incómodo, percibiendo como el avión comenzó a despegar, sintiendo un gran alivio en mi pecho, al imaginarnos bien lejos de los Vulturi.
La sobrecargo volvió con todo, entregándome el vaso de licor, mientras Jacob tomó la almohada y el cobertor, agradeciéndole a la chica por su amabilidad, esperando a que volviera a su zona de trabajo, sintiendo como Jacob tomó el vaso, bebiendo dos buenos tragos, recostándose en el asiento, suspirando al sentirse relajado.
—Mmm… no suelo beber, lo juro… Es solo que los nervios ya no me daban para más. —Volvió a tomar un poco más, mientras yo abría el cobertor, colocándoselo sobre las piernas, siendo él quien colocara la almohada detrás de la nuca, echando un poco el asiento hacia atrás.
Imité sus movimientos, colocando mi asiento un poco más atrás, así Jasper y Alice no podían vernos, salvo si se echaban hacia delante, volteando el rostro para verle, acomodándome un poco de medio lado.
Jacob colocó el vaso sobre un soporte debajo de la ventanilla, haciéndose un mohín en el asiento, mientras yo comencé a tararearle su canción.
Él sonrió sin verme a al rostro, tan solo se limitó a observar el cobertor, mientras yo seguí tarareándole la canción para que se durmiera.
—¡Pregunta! —exclamó él de repente, levantando su rostro, observándome a los ojos.
—Todas las que quieras —respondí entre susurros… él volvió a ruborizarse, haciéndome reír a carcajada—. Lo siento… pregunta por favor. —Le pedí tiernamente, a lo que el chico preguntó.
—¿Qué significado tenían las palabras que Aro había dicho en italiano antes de tomar mi mano? —Suspiré, recordando lo que Aro había dicho, traduciéndole.
—Significa… Tú sangre canta para mí, eso nos hace el uno para el otro. —Jacob tomó el cobertor, arrojándoselo en la cabeza, riéndome por demás encantado ante sus niñerías, intentando quitárselo de la cara.
Jacob volvió a tomar la misma postura, mientras yo retomaba aquel canturreo de la canción, lo cual le hizo pestañear pesadamente unas cuantas veces, soltándome entre bostezos.
—Eso es trampa… ¿Ya te quieres deshacer de mí? —preguntó él, volviendo a bostezar, alzando mi mano para acariciarle el cabello.
—Te amo, Jacob.
Volví a escuchar aquel golpeteo en su pecho de manera desbocada, aquello era la mejor respuesta que pude obtener ante mis palabras… pero yo deseaba más, así que esperé a que él reaccionara, observándole fijamente hasta que el chico, tratando de controlar sus nervios, soltó al fin.
—Y yo a ti, Edward. —Ahora era yo quien sintió un duro golpe en el pecho, lo cual me hizo sentir vivo.
Ya no había nada más que me importara en la vida, y aunque había sido yo quien le había marcado como a un vulgar esclavo para poder salvar su vida, quien de ahora en adelante viviría para cumplir todos sus deseos y caprichos era yo para con su persona.
—No volveré a separarme jamás de ti. —El chico asintió, acercándose un poco más hacia mí, mientras acotando a mis palabras.
—Más te vale o juro que no necesitarás a los Vulturis para que te asesinen. —Dejé escapar una sonrisa nerviosa, escuchándole reír de igual modo.
—Entendí perfectamente la indirecta —respondí, subiéndole el cobertor, dándole un beso en la frente, volviendo a tararearle su canción, logrando que poco a poco se fuera quedando dormido.

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