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sábado, 9 de agosto de 2014

El día después de... [El Reflejo Púrpura]


Ante los ojos de Albsev
La neblina se comenzaba a disipar entre los árboles que observaba a lo lejos, sentado en uno de los bancos de madera apostados frente al río Tennessee, mientras mi mente volvía a divagar en lo que había pasado anoche.
“Grita para mí, Albsev”, su voz volvía a retumbar en mi cabeza como había sucedido durante toda la noche, sin poder contener los temblores que habían irrumpido en mis sueños haciendo que me despertara cada tanto sin poder dormir de corrido.
Yo suspiraba negando con la cabeza como tratando de olvidar todo aquello, ¿pero cómo podía lograrlo? Había sido violado por un hombre y lo peor era que no podía denunciarle.
—¡Hola! —soltaba Astaroth llegando de golpe, preguntándome que hacía allí tan temprano.
—Me asfixiaba la habitación le solté sin tan siquiera mirarle a la cara, tan solo contemplando como comenzaba a salir el sol por entre los árboles.
Astaroth se posaba en frente de mí, mirándome fijamente mientras soltaba de golpe.
—Pasó algo anoche… ¿Cierto?
Yo no decía nada y simplemente me limitaba a seguir inerte.
—¿Albsev?... contéstame… me duele la cabeza y siento que me pasó un tranvía por encima… ¿Qué demonios pasó anoche?
Ante aquella pregunta suya y su exposición de como sentía su cuerpo comencé a sentir como las lágrimas me corrían por las mejillas, sin poder contener el ahogo que oprimía mi pecho ante las ganas de gritar lo mal que me sentía ante todo lo ocurrido.
—¡Lo sabía!... sabía que había sucedido algo… me dolía el cuerpo, tú no estabas cuando desperté y Thomas tampoco… dime porqué no recuerdo nada.
Yo lo miraba sin poder contener las lágrimas mientras escuchaba venir a alguien, limpiándome el rostro rápidamente.
Me ponía de pie escuchando cantar a Lyra, quien se nos acercaba de lo más feliz, observándonos a ambos mientras yo le daba la espalda tratando de contener el llanto.
—¿Y ustedes dos que hacen acá?
Yo suspiraba tratando de que se me pasara la opresión en el pecho mientras Astaroth le respondía.
—Lo mismo que tú. Ella le volteaba la cara mientras yo la miraba sonriéndole como si nada me pasara, aunque sin duda se me notaría en los ojos que estaba llorando.
—¿Se puede saber por qué tienes los ojos rojos Albsev? Yo miraba a Astaroth, el cual le respondía con aquel típico tono suyo de sarcasmo.
—Una chica lo dejó… tarado, con tantas mujeres en el mundo y venir a llorar por esa loca.
Yo sonreía ante las ocurrencias del chico mientras Lyra rodaba los ojos soltándome de mala gana.
—Ay Albsev… aprende de mí… yo los desecho a ellos, ellos no me desechan a mí.
Astaroth silbaba y rodaba los ojos, imitando la voz de mi hermana, en un tono de autosuficiente por demás exagerado, mientras meneaba las manos como lo hacían las chicas.
—Si Albsev aprende de la mujer superada que soy, y que jamás me dejo romper el corazón… bla, bla, bla… Astaroth volvía a poner su tono de voz, soltándole serio—…Quien te viera Lyra… cuando te morías por Orión y éste te pateó el trasero llamándote asquerosa Townsend de porquería.
Lyra comenzaba a maldecirlo y a lanzarle manotazos, los cuales Astaroth esquivaba, mientras mi hermana alegaba que eso era cuando ella no sabía que era un asqueroso Malswen.
—Entonces no molestes… ¡Lydia! —Aquel nombre era el apodo que Astaroth le tenía a mi hermana haciendo alusión a la joven sombría, protagonista de la película “Beetlejuice”.
Lyra le lanzaba un puntapié haciéndolo saltar de dolor en un solo pie sobándose la pierna golpeada, mientras comenzaba a alejase de nosotros sacudiendo su larga cabellera cobriza. Astaroth sonreía esperando a que la chica se perdiera de vista para soltarme de golpe.

—Dime de una vez ¿qué demonios pasó, Albsev?… ¡Habla! —Yo lo miraba fijamente observando como Astaroth colocaba el rostro serio e inmutable enfocando su mirada a la distancia, mientras yo volteando a ver que lo ponía en ese estado contemplando como Thomas se acercaba, haciéndome sentir una punzada en la boca del estómago sin saber qué hacer.

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